Politics 101

Intenté esperar un tiempo prudente para dar mi opinión sobre el tema. Visto lo visto, sé que nadie estará de acuerdo conmigo y que soy la única persona en el mundo que piensa así, o eso me gusta pensar. Pero creo que las elecciones en México no tienen contentos ni a los que ganaron, ni a los que perdieron. La razón es que, en esta prolongada agonía que está en curso, hemos visto en el espejo el verdadero reflejo de los mexicanos…y no nos ha gustado lo que hemos visto.

Desde la sofisticada compra de votos con tarjetas de supermercado, hasta los jaloneos entre los simpatizantes de unos y los de otros, dichos e insultos, teorías de la conspiración y burlas. Vamos, la locura. Por fortuna, me ha tocado ver esa pérdida de control desde lejos y aunque eso no me exime del asunto, creo que me da un poco de perspectiva.

He vivido casi dos años incrustada en un país que también tiene sus propios dramas y comedias políticas. Los veo más claro porque no pertenezco a aquí, pero también me permiten compararlos con los parámetros que conozco de toda la vida. En esta ocasión, el problema para mí fue muy evidente: en México hace falta mucha educación.

Después de mirar como se hacían pedazos unos a otros en México, unas horas después de la elección en Twitter, se me ocurrió esto:

Y no pensé en la educación en el sentido más abstracto, sino en algo más simple. La educación cívica y política habría hecho pensar a quienes aceptaron tarjetas de supermercado a cambio de su voto, sobre el valor y peso de su voz en el futuro no solo de su país, sino de su situación particular. También habríamos dejado de ver tanto insulto entre amigos y familiares porque aceptarían que las diferencias de pensamiento político deben existir y son totalmente válidas. Los ganadores hubieran aceptado con humildad el triunfo y los perdedores, con dignidad la derrota. Pero eso no existe.

En lo personal no me gustó el resultado de la elección porque al ganador no lo considero apto ni capaz de manejar la responsabilidad de llevar el timón de mi país. En realidad ninguna de las opciones lo era. Pero me gustó menos por la cantidad de vicios y malas costumbres que se repiten en un círculo vicioso del que no sé si podamos salir en mucho tiempo.

Lo que sé de política -mis bases- no las aprendí en México y eso me da un poco de vergüenza. Los verdaderos valores sobre el tema los entendí en un salón lleno de coreanos en Washington. Por azar del destino fui a dar a una clase muy básica sobre política de Estados Unidos para extranjeros, al parecer para estudiantes de países que no entendían muy bien lo de la democracia. Era la única mexicana y pensé que se habían equivocado al mandarme a esa clase. La que se equivocó era yo.

El sistema político estadounidense es muy complejo y muy diferente al de México, así que no crean que eso es a lo que me refiero por aprender de política en otro país. Me entusiasmó mucho el valor que le daban a la democracia, su afán por pedir cuentas a sus servidores públicos, el respeto que (algunos) tiene hacia las creencias de otros. Y entendí que aprender de política no solo era una tarea para quienes trabajan en el Gobierno o aspiran a él, ni para periodistas o abogados, es para todos. “¿Alguna vez le han escrito a su representante en el Congreso?”, esa fue una pregunta con la que me regresé a México después de mi clase de Politics 101.

Los ciudadanos de México ignoramos, en diferentes niveles, cómo funciona la política y en general el Gobierno de nuestro país. Pensamos que la única forma de entrar en la función pública es a través de los partidos políticos, cuando la política engloba cosas más allá, como la participación ciudadana. Pero de pequeños vamos a la escuela y aprendemos en Historia que en cada capítulo siempre hay buenos y malos. Por ejemplo: ellos los españoles, nosotros los independentistas; ellos los conservadores, nosotros los liberales, ellos los porfiristas, nosotros los revolucionarios…y así.

Después de aprender el mundo en blanco y negro nunca nadie nos explica las miles de tendencias políticas que existen en el mundo y que podemos elegir la que más nos guste. El mundo es más grande que la izquierda y la derecha. Nos ponen tres partidos y uno siempre es el malo malísimo, y claro los demás víctimas. Y lo peor, nunca nadie nos enseña a alzar la voz cuando es necesario, a escribir una carta a nuestros representantes en el Congreso, a manejar nuestro voto por intereses mayores a mil pesos que se gastan en 15 minutos, a escuchar a los demás aunque piensen distinto.

Al principio dije que esto se ha vuelto una agonía y lo es porque la gente en México está hoy más que nunca fastidiada de la política. No la conocemos y lo poquísimo que hemos visto de ella es desagradable. Es el reflejo de una educación con mil carencias, que si no se enseña en la escuela habrá que aprender en las calles.

*Nota: Las fotos que ilustran el post las tomé el año pasado en las manifestaciones del 15M en Madrid (otro pedacito de política en el que aprendí), y me parecen  tan vigentes.

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Acerca de Sonia Corona

Periodista mexicana
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